Festival de la Palabra 2011
El 9 de abril. Salón internacional de la Universidad Cisneriana
“Un paseo literario por el río Henares”
UN RÍO, UNA VIDA, LA POESÍA
Por Matías Escalera Cordero
Cuando Rafael García Poveda –Fali, para los amigos–, me llamó y me ofreció la posibilidad de dar una charla acerca de las relaciones del río Henares y de su ribera con la literatura, en seguida le convencí de que aún más interesante que repetir lo ya dicho y escrito otras veces, en otras conferencias, artículos y charlas, sobre la presencia incidental, las más de las veces, de la ribera del Henares en las obras de algunos escritores y de sus vecinos más ilustres; teniendo en cuenta, además, que ya está tratado el tema suficientemente por trabajos como los de José Carlos Canalda, fácilmente disponibles en la Red, en sus correspondientes páginas; ya se trate de los Siglos de Oro
, como de los últimos decenios
. O en la información relativa al asunto que se puede encontrar en la página del Centro Virtual Cisneros
, juzgué que sería más interesante ver, ya que yo mismo soy vecino de Alcalá, desde hace más de treinta años, y que se da la circunstancia de que escribo, mal que bien, y que el río Henares y su ribera han marcado una parte importante de mi vida, y algunas páginas no incidentales precisamente de mi obra poética y de mi narrativa; juzgué, digo, más interesante ver cómo nuestro río y su ribera se han colado en mi vida y en mi obra.
Además, le sugerí que estaría bien contar con la proyección de algunas imágenes de la misma, al tiempo que hablaba y leía los poemas y los fragmentos de mi obra en los aparecía; algunas de las cuales, cedidas por Pedro Manuel García Carvajal (de sus compañeros vinculados a Ecologistas en Acción) fueron ya utilizadas en la clausura del ciclo de “Poesía en el Corral”, el año pasado, bajo la dirección de Ernesto Filardi. Las otras las he tomado, para esta ocasión, de la Galería pública virtual “Vive Tu Río”
. E inmediatamente me puse manos a la obra. El primer título que se me ocurrió fue “El río metáfora de la vida”, pues ligaba muy bien con el espíritu de la experiencia que había tenido, por esos días, con los alumnos de Primero de ESO de mi instituto, el IES Atenea, a partir de una idea de mi compañero Javier Parrondo, me pidió colaborar en una actividad relacionada con la trasposición de códigos motivada por uno de mis poemas, el titulado “Fauna y flora de la vega del Henares”.
FAUNA Y FLORA DE LA VEGA DEL HENARES
Carrizos alisos eneas abubillas gorriones lechuzas
Mochuelos pinzones tamariscos olmos álamos (blancos) chopos
Barbos
Carpas (comunes)
Latas (de Coca Cola de Fanta limón
de gaseosa cerveza: de aluminio)
Galápagos leprosos milanos bolsas (blancas azules
amarillas: de plástico) botellas (de vidrio
de plástico: también) ágiles carriceros tetrabriques (ahítos
de vacío)
Vasos (rotos aplastados pegajosos
manchados arrugados) Agateadores
Juncales petirrojos condones (usados
sin usar) Garcetas martines pescadores
Ánades y pitos (reales) zancudas fochas pollas (de agua)
Chovas (negras) lagartos culebrillas lágrimas (de agua: también)
Lagartijas (que caen que reptan que se secan) Y hamburguesas
(regurgitadas mordidas aplastadas) Babosas
Vencejos golondrinas cigüeñas compresas (usadas
sin usar) pañales
Carros (de Alcampo de Carrefour de Mercadona)
Y perros (cagando) y señales de tráfico
Y carrocerías (oxidadas) y gusanos y hombres (y mujeres:
solitarios)
Que miran al cielo que dan una calada que miran al suelo
Que guardan silencio
Que se miran por encima de los hombros
Que dan otra
Que miran los ánades reales los condones las bolsas
(de plástico) las fochas
Las pollas de agua…
Que apartan un vaso roto con el pie
Que miran al cielo
Que menean la cabeza que arrojan la ceniza encendida y se alejan
Aún en silencio
Al releer y al comentar el poema con los chicos, para ayudarles a hacer sus respectivas interpretaciones visuales y plásticas del mismo, mediante formas, colores y texturas; me di cuenta de que, en efecto, el río y su ribera no eran más que una perfecta metáfora de la vida y del mundo; ese collage extraño, diverso, paradójico y aparentemente caótico que nos vive y en el que vivimos.
Cuando llegué a Alcalá de Henares, a finales de los años setenta (en el otoño de 1978, comencé a venir con cierta regularidad y, un año después, aproximadamente, decidí instalarme definitivamente en ella), era una ciudad que vivía ya de espaldas al río.
Uno de los primeros recuerdos es el de una excursión con los compañeros del Partido Comunista, y sus familias, un sábado o un domingo, a la explanada que se encuentra justo detrás de lo que es ahora la urbanización conocida como “Ciudad XXI”; y haciendo memoria de la misma, para esta ocasión, me resultó significativo el hecho de que ni siquiera nos acercamos a la orilla del río, que permanecimos todo el tiempo junto al talud del dique de contención.
El río Henares, al paso por la ciudad, era entonces un río muerto y hediondo; puedo oler aún la espuma química en sus orillas y represas, y el intenso, penetrante y sofocante hedor químico de sus aguas venenosas.
Y, por lo que recuerdo, llegó a ser incluso una “zona bélica” peligrosa, debido a las maniobras militares; y si no que se lo digan a los vecinos de El Val, la mañana o la tarde de los “cristales rotos”, debido a unos cañonazos o morterazos mal dirigidos.
Sin embargo, poco después, con las primeras corporaciones municipales de la Democracia, con mucho esfuerzo e insistencia, debido es justo agradecérselo hoy aquí a muchos compañeros, el río Henares y sus riberas emprendieron una lenta y persistente vuelta a la vida, y por ese tiempo de lenta recuperación comenzó mi costumbre de pasearme por sus orillas, que han llegado a convertirse en espacio de descanso mental y físico, de reflexión y de creación para mí.
Y a lo largo de estos veinticinco años de paseos regulares he sido testigo de sus cambios y lo he acompañado en su tránsito.
He visto a un pintor de montañas en él; que inspiró uno de mis mejores relatos, creo, “El pintor de montañas” (incluido en el libro Historias de este mundo). He disfrutado con la contemplación de las aves en los cortados y entre el follaje. He hecho un árbol amigo, compañero sabio (pues sólo escucha) y confidente a lo largo de más de veinte años, que ha inspirado algunos poemas y que me ha ayudado a resistir y a comprender en momentos de derrota y confusión.
Como se ve en este poema titulado “Un álamo inclinado”
UN ÁLAMO INCLINADO
A la orilla hay un álamo inclinado (a primera vista parece un herido
que cae)
Tiene una rama tronchada
Y alguien ha arrancado con saña una lasca
De su corteza gris (ahora es ya una lívida cicatriz y un tumor
perfila sus bordes: se parece más a un ojal gigantesco
que al cráter de un volcán)
También han escrito en su tronco declinante dos palabras
Una (con pintura verde) Luna…
Otra (a rotulador: la letra es infantil) Near…
A veces sin embargo cuando el sol está más alto y los rayos llegan
Hasta el fondo del caz
El agua es transparente y la corriente se parece a un río
Y la llanura
Al mundo y los hombres (por un brevísimo instante:
también) a los hombres
Venceremos al tiempo (le digo entonces: pero
no estoy seguro)
Sí, he visto a incontables hombres solos (a uno de ellos, durante más de dos años sobre el mismo banco) y a incontables mujeres solas, que buscaban la soledad o que huían de la soledad; a parejas de jóvenes, de personas maduras y de ancianos, hablándose y sin hablar, amándose o despidiéndose; el cansancio o la exaltación de los atletas y de los ciclistas ocasionales y verdaderamente aficionados; y también la llegada de familias y de pescadores foráneos para pasar sus días de pic-nic en sus orillas, tras años de abandono y de renuncia a tales costumbres por los naturales del lugar. Gentes de países y de entornos en el que nuestro Henares no dejaría de ser un pequeño regato cenagoso, pero que, en sus orillas, tras el dique de contención, separados de la ciudad y de su trajín, rememoran sus grandes ríos y sus grandes bosques. Y, últimamente, a muchedumbre de paseantes que, durante los fines de semana, sobre todo, disfrutan de sus paseos por la ribera.
Como, también, el abandono, la suciedad acumulada, el desprecio o la indiferencia de la mayoría, cuando no la agresión directa contra ese pequeño milagro que es la ribera del Henares a su paso por nuestro municipio; e incluso el levantamiento de alambradas junto a su orilla.
Mas, para finalizar, quiero compartir con ustedes un secreto: si desean tener la verdadera experiencia del río, paseen un día de lluvia por sus orillas, en completa soledad, cuando la lluvia motee sus aguas, y las colinas y cortados circundantes, empapadas, limpias y oscuras, a un tiempo, lo bordeen; y párense, acuclillados junto al tronco de un árbol inclinado, a ver y a escuchar el mundo de rededor, y entonces el Henares y sus orillas se les aparecerán, por un breve y maravilloso instante, un río y una ribera primigenios, virginales e intocados.
SENTIR LA MATERIA DEL VIENTO
Si deseas experimentar (sentir
íntimamente) la materia del viento
(o de la tempestad quizás
mejor)
Abrázate
Al tronco de un árbol cuyo perímetro puedas abarcar
Con el perímetro de tus brazos
Y abrázalo como a un igual (a un hermano:
iba a decir)
Mientras la tormenta arrecia
Cierra los ojos
Olvídate de todo
Escucha
Y percibe (en contacto con la materia
vertical) el sólido compás
Del espíritu de su balanceo
Y -bajo tus pies- la rotación (ahondada
hasta el infinito) perpetua
De las esferas
Aprieta
Y no abras aún los ojos
Que tu cuerpo se ciña (abandonado al cimbreo) a la viva
-vegetal- materia
Mientras la tempestad (la tormenta tal vez) se aquieta
Serena se calma
Y se acaba
Te alejas y vuelves -sin duda- la vista atrás (hacia
el joven compañero)
Aturdido
Te crees el mismo (pero sentida la materia vegetal
del espíritu del viento) jamás
Volverás a ser -exactamente- quien fuiste
Gracias por su atención. Vayamos ahora a su encuentro.
